Una Carta de Amor al Medio Impreso
Me pongo a pensar en la novela The Devil Wears Prada, escrita por Lauren Weisberger, y en cómo algo que, a mi parecer, surgió de la malicia terminó reivindicándose, desde Anna Wintour hasta Meryl Streep, quien la interpretó en el filme. Lo digo porque el personaje de Andrea Sachs, que en realidad es la misma Lauren, es horrenda en el libro. Una niña mimada que, al no obtener lo que quiere durante su corta estancia en la revista Vogue, roba, miente y se aprovecha de la situación.
Normalmente, cuando un libro inspira un formato cinematográfico, este no supera lo escrito. En el caso de Prada, es lo contrario. (Con el libro de Wicked, parecido, pero ese es tema para otra entrada). Y es que la guionista Aline Brosh McKenna le dio una buena sarandeada al libro de Weisberger, resultando en una película muy pop, pero también con mensaje. No solamente con respecto a la moda, al consumismo, a la fijación por el cuerpo esbelto de la mujer, etc. Hay mensajes sobre la relación de pareja, el equilibrio entre la vida y el trabajo, las luchas de poder y la traición en el mundo corporativo.
Revenge Wears Prada: The Devil Returns
Yo no sé el afecte creativo que tuvo Weisberger con la película, pero diez años después de sacar la novela y unos siete después de la película, decidió por no sé qué razón (a lo mejor un contrato), sacar la segunda parte. Un kilombo de cosas que iban para todos lados sin aterrizar en nada. Y larga además…larga, larga. ¿Por qué lo menciono? Porque para la secuela del filme, ahora, veinte años después, Brosh McKenna regresó con su pluma mágica a dar otro revuelque y no: esta película no está basada en el libro, pero sí tiene unos guiños…
De aquí en adelante, hay spoiler
Si no has visto la o las películas, mi dear reader, mejor aquí la dejamos. Si ya las viste o no te importa, pues démosle.
En 2006, Andy decidió dejar la revista Runway y pasar a un periódico para continuar su carrera periodística. No queda claro si se reconcilia con su novio Nate (Adrian Grenier). Nigel (Stanley Tucci) se queda en Runway a pesar de la traición de Miranda, quien se salva de que Irv Ravitz (Tibor Feldman) la despida por Jacqueline Follet (Stéphanie Szostak).
Veinte años después, Runway es solo digital, con muchísimo menos presupuesto, y busca todo aquel contenido que se consuma en canales sociales. Miranda se ve envuelta en un escándalo de moda rápida (fast fashion) y Andy acaba de ganar un premio de periodismo que trae malas noticias. Irv Ravitz la contrata para que escriba contenido de calidad y reponga la reputación de Miranda. Nigel recibe a Andy con el acostumbrado cinismo y calidez y Miranda ni se acuerda. Emily ahora trabaja en Dior y el hijo de Ravitz (B. J. Novak) dirige la editorial junto a su padre. Hay un divorcio entre magnates; surge una desgracia y, entre que Andy y Emily unen fuerzas para supuestamente salvar a Runway, quien realmente salva a la revista es el ejercicio periodístico de Andrea. Y es que el dicho va de “renovarse o morir”, pero hemos llegado a una sobrenovación que, de todas maneras, nos está matando. Una neurona, a la vez. La película lo retrata perfectamente. Pues es contada la gente que realmente está leyendo los artículos de Andrea y el asunto con esto es que realmente no llega a ser de cuidado. Sin meterme en todo un ensayo de mercadotecnia y tendencias, artículos de calidad y con reflexión no son para todos; quizá el reel de un perrito que hable y baile sí. El error es querer emigrar todo de golpe y con pánico sin entender la diferencia.
Hay varios cameos igual que en la primera, como Donatella Versace, Marc Jacobs, Heidi Klum, Ashley Graham, Domenico Dolce y Stefano Gabbana, entre otros. Una cantante pop del momento también se avienta su palomazo.

Los personajes nuevos: la asistente 1 de Miranda, interpretada por Simone Ashley, conocida por la serie de Bridgerton; Charlie (Caleb Hearon), el asistente 2; y Helen J. Shen, quien es la asistente de Andy, Jin Chao y tiene al mundo del teatro musical de cabeza, pues estelarizó el musical ganador del Tony en 2025, Maybe Happy Ending, al lado de Darren Criss. Todos muy simpáticos, pero no llegan a más. B. J. Novak, Justin Theroux y el nuevo romance de Andy, Peter (Patrick Brammall), me resultaron meh. Los estelares Streep, Hathaway, Blunt y Tucci, bien, pero mucho más relajados que en la primera parte.
Hay cuestiones interesantes: Emily está divorciada y tiene dos hijos, mientras que Andy es soltera y congeló sus óvulos, a lo que hace alusión un par de veces durante la trama junto con el costo que eso implica. En el segundo libro, Andy se casa con Nate en sus treinta y tienen una niña. Nate no sobrevivió para la segunda parte del filme, pues ni siquiera lo mencionan.
En la primera parte no se habla de la vida personal de Nigel y en la segunda tampoco. Miranda tiene otro “Mr. Priestly”, Stuart (Kenneth Branagh), quien la apoya, es paciente y, coincidentemente, es músico. Las gemelas de Miranda también hacen un cameo, y Lucy Liu, como Sasha, es parte clave de esta historia.
Molly Rogers, en esta entrega, se luce con el vestuario, al igual que Patricia Field en la primera. Evidentemente Dior patrocinó a Emily Blunt, quien lució la marca durante gran parte de su participación.
En la primera parte se van a París y en esta a Milán. Miranda medio le canta la guerra a Andy, al estar en el refectorio de la Iglesia de Santa María delle Grazie, frente a La Última Cena de Miguel Ángel. La combinación de ese contexto cultural con el diálogo es una chulada.
Creo que tanto actores como creativos se dieron este regalo y aprovecharon el consumismo para ganar sus buenos dineros, pero también regalarle esto al público con dosis de nostalgia y golpe de actualidad, suavizado con la imagen de una amistad verdadera, una pareja estable y alianzas estratégicas.
“El Diablo” me gustó mucho y la usé varias veces en mi clase de Relaciones Públicas; varios alumnos se rieron, pero quienes captaron realmente entendieron la asignatura. El Diablo Viste a la Moda 2 va más allá de los tacones altos y las marcas costosas. Señala este momento de decadencia que estamos viviendo, marcado por un consumismo extremo, y cómo, más allá de una “renovación”, se trata de un deseo de corte de tajo. La presencia eterna del patriarcado y del mansplaining, al igual que el karma y cómo las cosas caen por su propio peso.



