Una Experiencia a la Luz de las Velas
Al estar navegando por mis medios sociales, frecuentemente me salían anuncios de los conciertos Candlelight. Diferentes géneros, diferentes artistas: Taylor Swift, Metallica, Los Beatles. Cuando vi el anuncio de Juan Gabriel, tomé aquello como señal para por fin ver de qué se trataba. Poco me duró la emoción porque los boletos ya estaban agotados. Pero la mercadotecnia que trae la empresa responsable de estos conciertos, Fever, es buena y pronto me salió la opción para un segundo concierto.
No hay recinto fijo; estos conciertos a la luz de las velas van en este caso por todo San Diego en busca de lugares poco convencionales para conciertos como el museo NAT ubicado en el parque Balboa. El concepto es diferente. Íntimo, con una hora de duración, a cuatro cuerdas y ya está. Dos violines, un chelo y una viola no solo brindan la armonía, sino la voz también. El cuarteto se llama Range Ensemble y tiene varios músicos que se rotan.
El protocolo es estricto. No se permite tomar fotos o video durante la mayor parte del concierto, o sea, no sacar el celular pues, y se advierte también que los músicos darán la indicación de cuándo se pueda tomar foto y video. Al modo, hubo personas que sacaron el celular haciendo caso omiso de la indicación, pero la empresa Fever viene con experiencia. Había de dos a tres acomodadores en cada lado de las filas llamando la atención y pidiendo que los invasivos celulares se guardaran. Algo coordinado y simplemente maravilloso. Siendo un concierto con velas, la luz de los celulares interrumpe agresivamente y distrae a los músicos también. Cada dos temas, uno de los violinistas, quien era el único mexicano del grupo, interactuaba con el público anunciando cuáles serían los siguientes dos temas. En su primera intervención alentó a los asistentes a cantar, pero pronto concluimos en grupo que lo mejor es simplemente escuchar y dejarse llevar porque es tan particular que cualquier cosa que está fuera, como una voz en este caso (sobre todo desafinada), rompe con el concepto.

Ya se imaginarán los temas, El Noa-Noa, Te Sigo Amando, No Tengo Dinero, Así Fue, Querida, no hay pierde con Juan Gabriel. Otra cosa muy bonita fue cuando el resto de los músicos se presentó. Pues era obvio que los otros tres no eran mexicanos y estoy casi segura de que no sabían quién era Juan Gabriel y que estaban ahí para tocar y hacer su trabajo. Pero al compartir su experiencia con la música, explicaban la complejidad de los acordes, la sincronía del ritmo y de las armonías, cómo fue hasta cierto punto complejo en los ensayos llegarle a las notas. Prueba que la música es universal.
Ya habiendo vivido la experiencia Candlelight, entiendo por qué es de una hora solamente. Creo que no se podría más tiempo. Es algo único, especial que se puede compartir con amistades, pareja, familia. Ampliamente recomendable. También, parte de la experiencia evidentemente es el tipo de público. Aquellos que fuimos a ver a Juan Gabriel distaremos de los de Taylor Swift. Como todo, habrá algún cruce,pero ya me entienden.
Es de aplaudirse la organización calculada y limpia de Fever, mi admiración de verdad.
El concepto de las velas está por todo el mundo y en San Diego puedes encontrar las fechas, recintos y artistas por acá. Los boletos normalmente oscilan entre los 22 y 98 dólares.



